La historia de Jane

La historia de Jane

Con solo 25 años yo era gerente de una tienda de regalos, tenía mi propio carro, había establecido un buen historial de crédito y llevaba una vida social muy activa. Cuando tenía 27 me casé con un hombre que había crecido en un pequeño pueblo de campo. Como me había sentido tan enamorada, no quise ver la otra cara de mi ‘Príncipe Azul’. Con el paso del tiempo el abuso se hizo más frecuente y más intenso. Cada vez que yo encontraba un nuevo empleo él se volvía imposible y empezaba a hacer cosas como llamarme por teléfono al trabajo y empezar a gritarme obscenidades.

Tras seis años de matrimonio alquilamos una casa que quedaba en el campo. A mi no se me estaba permitido usar el carro ni aunque fuera para llevar a nuestros hijos al doctor en casos de emergencia.

En febrero de 1987 mi esposo me acorraló y empezó a estrangularme. Nuestro hijo que entonces tenía 5 años corrió para el teléfono, marcó el número ‘0’ y comenzó a gritar: “¡Mi papá está matando a mi mamá, ayuden por favor!” La operadora rastreó la llamada y envió a la casa a un asistente del sheriff del condado. A pesar de los moretones y las visibles marcas, la policía no me pudo ayudar.

En el transcurso del año que siguió me hice de un carro y comencé a planear mi escape. Él había desconectado el teléfono. En abril de 1988, le dio un ataque de ira y cogí a nuestros dos hijos para irme manejando 15 millas hasta que pude encontrar un teléfono público. Todos los refugios que llamé estaban llenos. No tenía a dónde ir pues con los años había sido alienada de mi familia y de mis amistades. Después de caminar por el supermercado cuatro horas, terminé regresando a la casa.

Tres días más tarde, luego de su habitual ataque de ira de todas las mañanas, nuestro hijo se fue para la escuela y nuestra hija de tres años seguía escondida debajo de su frazada, temblando y sollozando del terror que sentía hacia su propio padre. Mi esposo se fue para el trabajo y yo cogí a mi hija, manejé hasta encontrar un teléfono y llamé a un refugio de mujeres víctimas de violencia doméstica. Me dijeron que me recogiera a mi hijo de la escuela y metiera en el carro lo que pudiera. Entonces manejé 30 millas hasta llegar a la ciudad más cercana.

Durante las tres semanas que mis hijos y yo pasamos en el refugio, comenzamos a reestructurar nuestras vidas. Yo encontré empleo, vivienda, cuidado infantil, terapia y ayuda legal.

Fue gracias a la ayuda que recibí en el refugio para víctimas de violencia doméstica que hoy mis hijos y yo estamos vivos.

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