La historia de Shana

La historia de Shana

Sobre este problema simplemente no se oye hablar lo suficiente. Usualmente las personas sobrevivientes terminan contando sus historias comenzando por narrar el abuso sufrido, pasando directamente a contar lo que se hallan haciendo en el presente sin detenerse mucho a describir los sentimientos tan profundamente angustiosos que experimentas en el transcurso de los días, semanas e incluso meses después de que has dejado a la persona que te abusó. La vida fuera del abuso es algo positivo, pero si vamos a hacerle honor a la verdad, a veces sientes que se hace más difícil que el mismo abuso. Existen muchos programas excelentes que pueden ayudarte en el proceso de transición de donde has estado hacia donde te encontrarás. El programas ‘Fondos para la Compensación de las Víctimas’ (The Victim Compensation Fund) puede ayudarte a que empieces a recibir terapia para tu salud mental,  para que te puedas mudar y muchas otras cosas; además de que muchas ciudades tienen al menos un refugio al que te puedes dirigir. Cuentas con muchas opciones diferentes de ayuda disponible, lo único que tienes que hacer es encontrarlas mientras te aseguras de mantenerte fuera de peligro.

Casi 8 años han pasado desde que terminó mi abuso y todavía estoy lidiando con la resaca. Aún hay días que me ando disculpando constantemente, que empiezo a llorar por la más mínima cosa, que siento que no valgo absolutamente nada y que cargo el peso del mundo entero sobre mis hombros. Todavía no permito que la gente vea más allá de la máscara de felicidad total que llevo puesta (si te encontraras conmigo jamás te ibas a imaginar el pasado que escondo). Esa es la realidad de la vida después del abuso. Me casé con el ‘príncipe de mis sueños’ cuando tenía 19 años después de ser su novia por un año. Estuvimos casados 15 meses aproximadamente antes de que empezara a ser abusivo físicamente. Dejé de socializar con mi familia y con antiguas amistades por miedo de que ellos descubrieran lo que estaba pasando.  Después de 3 años y medio de matrimonio dejé a mi esposo, tras una gran pelea que tuvimos.

El único dinero que yo llevaba encima era una tarjeta ATM que sabía que él pronto la iba a cancelar, no tenía dónde ir ni ropa que ponerme. Salí con una bolsa donde ni siquiera llevaba maquillaje, un cepillo de pelo ni desodorante (solamente llevaba en ella un cepillo de dientes y un cambio de ropa). La verdad era que yo no conocía a nadie a que pudiera llamar, y en cualquier caso la realidad era que yo no quería que nadie se enterara. Manejé hasta llegar al único hotel que había en el pueblo. ¡Estaba lleno! ¡¿Cómo era posible que un Days Inn en un pueblo de 30,000 habitantes, en su mayoría trabajadores agrícolas, estuviera COMPLETAMENTE LLENO?!  IMPOSIBLE, fue eso lo que pensé. Rogué y les supliqué que me dieran una habitación, pero no tuve éxito. No podía irme a un refugio pues tenía miedo de perder mi trabajo si se enteraban, así que esa noche dormí en el carro. Bueno, déjame ser honesta, dormir no pude. Pasé la noche desvelada con miedo de que él me encontrara y al día siguiente fui al trabajo actuando como si nada hubiera pasado. Mi esposo trabajaba a 30 minutos de la casa y yo sabía que estaba fuera de peligro si me llegaba a la casa a la hora de almuerzo cuando él no estaba allí para poder así agarrar algunas cosas que iba a necesitar el día siguiente. No fui a la casa el día siguiente de mi escapada pues pensé que tal vez él lo sospecharía y que me lo podía encontrar. Yo sabía muy bien qué consecuencias me podría traer el haberlo dejado.

Alguien que yo conocía en el gimnasio donde solía ir dejó que me quedara a dormir en el sofá hasta que pude salir a flote. Me escondí por tres meses. Por tres meses mi agresor venía a mi trabajo a ‘cuidar de mi’, trayéndome pequeñas cosas como batidos de proteína, sopa y dinero; todo ello para persuadirme de regresar a mi antigua vida. Yo era tan reservada sobre mi separación que la gente con las que yo trabajaba pensaban que seguíamos felizmente casados hasta que nuestro divorcio se hizo definitivo. Y, no obstante todo lo que había pasado, mi único interés era hacerlo feliz. Quería que todo siguiera bien. Entendía que no podía regresar, pero eso no significaba que quisiera que alguna cosa mala le sucediera a él o a mí. Sólo quería seguir mi vida, quería una vida saludable y poder convertirme en más que simplemente la esposa de Fulano (yo quería ser Shana).

Muchas víctimas tal vez te digan que uno se vuelve la reina de las apariencias. Aprendes a sonreír a pesar de lo que ha acabado de suceder y aprendes a comportarte como que todo está bien. Los meses que siguieron fueron horriblemente difíciles. Yo pensaba que las cosas nunca iban a mejorar. Pensé que nunca iba a ser capaz de proveer para mí misma, que nunca sería capaz de pagar mis propias cuentas ni llegar a ser una adulta exitosa sin él.  Con frecuencia pensé en regresar porque eso hubiera sido tanto más fácil, al menos en ese terreno financiero si vivía con él sabría qué esperar.

Apenas toleraba ruido alguno. El sonido de la puerta de una despensa que alguien tiraba para cerrarla en el apartamento contiguo me sobresaltaba. Los programas de televisión con violencia me daban pesadillas horribles (y todavía me afectan). Me sentía mal físicamente, constantemente preocupada de que alguien de mi trabajo o mi familia fuera a descubrir mi secreto. No podía dormir bien, siempre preocupada de que él pudiera venir a hacerme algo. Hubo días que lloraba (con sollozos) porque sentía que había fracasado. Tenía 23 años y ya me estaba divorciando. En mi mente no podía aceptar la realidad de que yo fuera un fracaso total. Hasta el día de hoy aún hay ocasiones en que me siento así.

Dos meses después de haberlo dejado me fui por fin a nuestro apartamento para sacar mi cosas y llevarlas al almacén. Ese día él trató de matarme. Me recuerdo pensando que iba a morir estrangulada. Por suerte terminó por soltarme y terminé mudándome a San Diego donde con tiempo me conseguí un trabajo. Solía beber para olvidarme del pasado y tenía muy poca autoestima. Hice todo lo posible por olvidarme del pasado. Creía que olvidarme del mismo era mejor que tener que lidiar con él. La mayoría de las personas que han pasado por una relación de abuso parecen tienden a actuar tímidamente en presencia de otras personas, pero yo por el contrario me metía en todo de cabeza tratando de buscar tanta atención como pudiera. Empecé a recibir sesiones de terapia y traté de hablar con mis amistades, pero nadie creía que el hombre con el que yo había estado casada pudiera hacerme daño. Me sentí muy aislada y contaba con sólo dos personas que todo el tiempo me dieron su apoyo incondicional.

Me mudé a Orange County en 2003, y ese fue mi gran chance de labrarme un futuro. Conseguí un trabajo a través de una agencia temporal, donde ganaba apenas suficiente dinero para pagar mis cuentas, pero al menos todo el dinero que hacía era MÍO. Lo mejor de todo era que ÉL no sabía donde yo vivía. Al menos ese fue el caso hasta el día que llamó, suplicándome que volviéramos, que él había cambiado.

Llevábamos 18 meses separados, así que yo quería creerle. Cometí el error de permitirle (a ÉL) bajar a California a pasarse el fin de semana para que conversáramos y ver si aún quedaba algo de nuestra relación y para ver si él había cambiado. ¡Qué ideal! Iba a poder estar con él sin que hubiera violencia y eso querría decir que en realidad yo no había fracasado en el matrimonio, ¿cierto? Tras pasar cierto tiempo con él me di cuenta de que no había cambiado. Seguía siendo la misma persona. Le pedí que se fuera y lo hizo. Durante varios años me ha seguido mandado correos electrónicos, contactándome en MySpace y Facebook. He comprendido que él nunca va a dejar de tratar de contactarme.

Después de cierto tiempo empecé a trabajar para intentar cambiar pues había comprendido que mi infelicidad no me hacía bien. Y merecía ser feliz. Todo lo que pasé con él no era un reflejo de quién soy yo ni lo que valgo. Volví a escribir y ahora le doy ánimo a otras personas para que hagan lo mismo, a que escriban sobre su día y sobre sus sentimientos para que puedan entonces reflexionar sobre lo que han escrito.

Poco a poco empecé a sentirme de nuevo como la persona que había sido tiempo atrás. De nuevo consideré la posibilidad de salir con alguien e incluso de vez en cuando dejé la bebida. Ya no sentía la necesidad de silenciar mis sentimientos. En el 2006 tuve la oportunidad increíble de volverme la madre de una niñita que adopté. Cada momento de mi vida se centró en ella. Yo sabía que todo habría de cambiar pero no me había dado cuenta de cuán profundo había enterrado en mi mente mi pasado. No me había dado cuenta de cuánto el cambiar mi vida me obligaría a lidiar con diferentes cosas. He sido la madre de mi bella hija 3 años y 5 meses. Hace dos años y medio me casé con un hombre increíble, un hombre que nunca pensaría en alzar su mano para pegarme. Hasta el día de hoy sigue sin gustarme tener pañuelos alrededor de mi cuello ni nada que toque la parte delantera de mi cuello. Siempre pido disculpas por todo, sea o no mi culpa. Me preocupo de que mi hija siga mis pisadas, así como seguí yo las de mi madre. Me preocupa que a pesar de todas las veces que digo que soy una SOBREVIVIENTE de violencia doméstica, que siga teniendo pesadillas el resto de mi vida.

Sobrevivir la violencia doméstica es algo que se hace día a día. Creo que el perdón es importante para uno poder recomenzar su vida, pero olvidar es diferente, uno no debe olvidarse porque esta es una experiencia que nos ha hecho más fuertes. Hemos pasado por cosas que muchas personas no habrían sobrevivido. . No me gusta que la gente sienta lástima por mi o se disculpen por lo que ÉL me hizo. Quiero que la gente me vea como una mujer fuerte, como una madre y una esposa (una mujer que sobrevivió y que está prosperando). Una mujer que tiene la misión de ayudar a educar a otras personas sobre la violencia doméstica.

¿Es normal que te de terror irte? SÍ. ¿Es normal que sigas pensando en él aún cuando ha pasado el tiempo? SÍ. ¿Es posible que puedas rehacer tu vida y llegues a tener una relación feliz y saludable? SÍ. No hay un modo pre-establecido de lidiar con los efectos del trauma causado por la violencia doméstica. Pero sea cual sea la manera que funciona para ti, lo importante es que sí puedes conseguirlo. ¡Tampoco olvides que puedes contar aquí con muchas personas que están dispuestas a ayudarte y con un gran número de organizaciones que quieren que tú triunfes!

Puedes lograrlo. Cada quien lidia con situaciones de este tipo a su propia manera, y no hay una que sea mejor que la otra, son sólo diferentes.

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