Cuidado de la salud, violencia de pareja y centros de salud

Sabemos que la violencia de pareja afecta significativamente la atención de la salud de aquellas personas que la experimentan. Las personas sobrevivientes pueden experimentar una gran variedad de dificultades de salud relacionadas con el abuso, lo que incluye (pero no se limita a) lesiones, pérdida de embarazos, depresión, ansiedad, desorden de estrés postraumático, traumatismo cerebral, infecciones y enfermedades de transmisión sexual, síntomas relacionados al estrés y más.

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Algunos asuntos de salud relacionados con la violencia de pareja son físicamente visibles y evidentes. Muchas personas esperan ver huesos quebrados, ojos morados o moretones. Sin embargo, existen otros problemas de salud que no son tan evidentes y que surgen a raíz de una situación de abuso. Los problemas gastrointestinales, un riesgo elevado de infartos y otros padecimientos pueden ser invisibles o se pueden desarrollar eventualmente como resultado del abuso.

Los centros de salud subvencionados por la Administración de Recursos y Servicios de Salud (HRSA) están dirigidos a servir a poblaciones con un escaso acceso a cuidados médicos. Actualmente una de cada once, o casi 30 millones de personas en los EE. UU. dependen de algún centro de salud subvencionado por HRSA, incluyendo a uno de cada ocho niños, uno de cada cinco residentes rurales, una de cada tres personas que viven en la pobreza y una de cada cinco personas sin seguro médico.

Estos centros de salud, ubicados en los cincuenta estados y en los territorios estadounidenses, proveen cuidado médico y dental primario, salud conductual y servicios para los desórdenes de uso de sustancias. Algunos centros de salud brindan servicios expandidos que incluyen farmacia, obstetricia o cuidado de la visión. Para ayudar a las personas a acceder a estos servicios de salud, los centros de salud ofrecen transportación, traducción e interpretación, gestión de casos, educación en salud y referidos. Todos los servicios se proveen independientemente de la capacidad de pago de la persona.

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A raíz de experimentar violencia de pareja, pueden haber efectos considerables a largo plazo a la salud.

Existen estudios que demuestran que:

Hay una tendencia significativa entre la violencia de pareja, la obesidad y los desórdenes alimenticios.

Las mujeres que experimentan la violencia de pareja son más propensas a usar productos de tabaco que aquellas que no la viven.

El abuso por un cónyuge se ha identificado como una forma de predecir si se va a desarrollar un problema de abuso de sustancias.

El abuso de sustancias y el uso de alto riesgo del alcohol son más prevalentes entre las mujeres que experimentan la violencia de pareja que en aquellas que no la experimentan.

Las mujeres y las niñas que viven relaciones abusivas a menudo están obligadas o coaccionadas a tener actividades sexuales no deseadas, lo que afecta su capacidad a la hora de cuidar su salud reproductiva y ginecológica.

Las personas sobrevivientes de violencia de pareja están a un mayor riesgo de desarrollar problemas severos de salud mental que pueden durar años después de que el abuso haya culminado.

La violencia de pareja es la causa primordial de lesiones y homicidios de mujeres.

En general, las mujeres que han experimentado la violencia de pareja son menos propensas a buscar salud preventiva o cuidados para sus lesiones en comparación con aquellas que no experimentan abuso.

Es común también que los asuntos de salud o el cuidado de la salud se use contra una sobreviviente como parte del abuso. Algunos ejemplos son:

  • Su pareja altera, oculta o destruye los medicamentos.
  • Su pareja insiste en acompañarle a las citas médicas o visitas al hospital y no le permite estar sola con el equipo médico.
  • Su pareja la obliga a consumir alcohol o a usar drogas.
  • Su pareja la fuerza a participar de actividad sexual que causa una infección sexualmente transmitida o un embarazo que no es deseado.
  • El abuso causa la pérdida del embarazo.
  • Su pareja se niega a permitirle buscar tratamiento médico o cuidados preventivos cuando los necesita.
  • Su pareja es la persona que está a cargo de sus cuidados y no cumple con ello.

Acceder al cuidado de la salud puede presentar barreras significativas para las sobrevivientes.

Algunos ejemplos de los obstáculos comunes a los que se enfrentan las sobrevivientes al intentar buscar cuidados de la salud son:

  • La falta de transporte para recibir cuidados de emergencias, asistir a las citas de rutina o practicar el cuidado preventivo.
  • La falta de capacidad para pagar por el tratamiento médico: no tener seguro médico, no poder asumir los copagos, una falta de proveedores asequibles de cuidado de la salud en un lugar accesible, etc.
  • La falta de servicios lingüísticos de traducción e interpretación.
  • La discriminación en los servicios; por ejemplo, minimizar el dolor de una sobreviviente por un sesgo racial.
  • El temor de que se llame a la policía o a los Servicios de Protección Infantil (CPS, por sus siglas en inglés).
  • Las restricciones o preocupaciones por el COVID-19. Por ejemplo, no poder traer a sus hijos a la sala de emergencias o a la oficina médica y no tener con quién dejarles.

La violencia de pareja puede tener unos efectos devastadores en la sobreviviente.

Recibir acceso a los cuidados de la salud es solo un paso hacia recuperarse del trauma causado por el abuso.

Con la ayuda de los centros de salud subvencionados por HRSA, así como de otros programas apoyados por el gobierno, las sobrevivientes tienen la oportunidad de sanar física, mental y emocionalmente y moverse hacia una vida libre de violencias.